Por: José C. Nieves-Pérez
En la cima del saber se encuentra
mi hijo, mi orgullo y mi alegría,
su intelecto deslumbra y ensancha
los límites de la sabiduría.
En su joven alma un espíritu noble,
un corazón lleno de compasión,
su virtud como faro le guía,
en su mente hay una gran ambición.
Con su elocuencia y su conocimiento,
siempre a los demás sabe impresionar,
y su bondad y su honradez,
son valores que nunca van a faltar.
Padre soy de un joven iluminado,
que con su mente al mundo puede dar,
nunca estuve tan feliz y orgulloso,
como de mi hijo adolescente y singular.