Por: José C. Nieves Pérez
Mi perrita corre por el campo verde, persiguiendo mariposas y libélulas sin verse. Su pelaje dorado brilla bajo el sol, y su corazón late con una pasión sin control. Ella tiene muchos amigos en la pradera, sus vecinos perritos son su gran compañía. Cada uno tiene su propia personalidad, y juntos forman una familia en la inmensidad. A veces persigue gatos por diversión, aunque no siempre con buena intención. Pero sabe que hay límites en cada acción, y que debe respetar el espacio de cada ser sin excepción. En su vida en el campo hay muchas moralejas, que nos enseñan sobre la convivencia y la naturaleza. Que cada uno tiene su lugar en la vida, y que debemos respetarnos y ayudarnos sin medida. La vida es como un campo lleno de flores, donde cada uno tiene su propio color. Y aunque a veces persigamos diferentes objetivos, debemos aprender a vivir juntos en armonía y sin conflictos. Así que, mi perrita, sigue corriendo libre y feliz, y recordemos las enseñanzas que nos dejas en tu vivir. Que la amistad y el respeto son valores fundamentales, y que juntos podemos hacer de este mundo un lugar más amable.